Qué es la autoestima y cómo mejorarla

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El autoconcepto y la autoestima son términos que se encuentran estrechamente relacionados. Se entiende por autoconcepto el conjunto de ideas, pensamientos y creencias que las personas tienen sobre sí mismas y su desempeño laboral, académico, personal y social.

Estas ideas forman parte de la realidad subjetiva de cada persona, y surgen como resultado del autoanálisis que ellas hacen sobre sus propias experiencias. Ahora bien, ¿en qué se diferencia esto de la autoestima?

 

¿Qué es la autoestima?

La autoestima es un componente que se engloba dentro del autoconcepto. Se trata de la parte del autoconcepto que evalúa, ya sea positiva o negativamente, las percepciones y conocimientos que los individuos tienen sobre su propio yo.

Es decir, mientras que el autoconcepto refleja todo el autoconocimiento disponible en una persona, la autoestima hace alusión a la valoración concreta que se le da a ese autoconocimiento. Por tanto, puede ir cambiando con el tiempo y depende de muchas variables del contexto.

Los individuos van forjando su autoestima conforme transcurren sus vidas. Los éxitos o fracasos que alguien obtenga tras afrontar alguna situación pueden influir en su percepción de autovalía. De esta forma, la manera en que logremos gestionar nuestras vivencias personales a lo largo del tiempo repercutirá directamente sobre las evaluaciones que realizamos sobre nosotros mismos.

 

Persona superando un obstáculo con éxito.

 

La importancia de la autoestima

Últimamente se está popularizando mucho el cuidado de la autoestima, y no es de extrañar. La autoestima se vincula con un amplio abanico de aspectos psicológicos, que a su vez influyen sobre la calidad de vida, la salud y el bienestar personal.

Por un lado, una autoestima fortalecida se relaciona con un mejor rendimiento durante la ejecución de tareas en la escuela y en el trabajo, así como con una mayor resiliencia ante las dificultades que se presentan en la vida. Además, una buena autoestima también favorece la creatividad, la motivación y la capacidad de adaptación.

Por el contrario, la ausencia de autoestima va asociada con muchos problemas psicológicos, como la ansiedad, la depresión o los trastornos de la conducta alimentaria. La pérdida de la autoestima también puede ir acompañada de déficits motivacionales, alteraciones emocionales y dificultades cognitivas que repercuten sobre la capacidad de aprendizaje.

 

 

Cómo se construye la autoestima

La autoestima es un componente cognitivo muy complejo y, tal como ocurre con otras habilidades humanas, se va desarrollando a lo largo de la vida.

Durante la primera infancia, la capacidad cognitiva de los niños tiene ciertos límites para ofrecer evaluaciones demasiado elaboradas sobre sí mismos. Pero conforme van creciendo, la autoestima va tomando cada vez más forma hasta que logra cobrar una entidad propia.

La adolescencia es la etapa evolutiva clave durante el desarrollo de la autoestima, ya que es en este período cuando las personas comienzan a construir su identidad. Los adolescentes cimientan la suya alrededor de su autoestima, por lo que es frecuente que se sientan más preocupados por su imagen física y por sus cualidades.

Cabe decir que las deficiencias en la autoestima durante la adolescencia se consideran un factor de riesgo para la edad adulta, ya que derivan en un mayor riesgo de sufrir problemas de salud física y psicológica, así como en una peor proyección laboral y económica.

 

Persona asumiendo riesgos.

 

Al investigar la trayectoria de la autoestima general a lo largo de la vida, se encuentra que los niveles durante la infancia son relativamente altos y comienzan a disminuir al conforme se inicia y transcurre la adolescencia. Esto puede ser debido a que es entonces cuando empiezan a surgir nuevos acontecimientos que pueden suponer retos que afectan a la visión que los adolescentes tienen de sí mismos.

Sin embargo, también se ha visto que los niveles de autoestima vuelven a subir al comienzo de la vida adulta.

 

Posibles causas de una autoestima baja

Gran parte de la autoestima depende de los acontecimientos externos que experimentan las personas. Por tanto, es más probable encontrar una baja autoestima en individuos que han vivido situaciones negativas frecuentes o de alta intensidad. Estas pueden ser, por ejemplo, experiencias de abuso, pérdida, duelo, fracasos constantes, traumas infantiles, exclusión, etc.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que estas situaciones tan solo representan factores de riesgo para una baja autoestima y no tienen por qué ser determinantes. La autoestima también se ve influida por otro tipo de factores, como los rasgos de la personalidad, la calidad del apoyo social o la cantidad de recursos disponibles.

Así, también existen otros aspectos capaces de proteger la autoestima de las personas incluso en situaciones de alta vulnerabilidad.

 

Pautas para cuidar la autoestima

Aunque el trabajo con la autoestima a veces es mejor realizarlo de la mano de algún profesional, aún existen algunas cosas que puedes hacer por ti mismo:

  • Evalúa tus evaluaciones negativas. Muchas veces son los pensamientos negativos sobre nosotros mismos los que nos frenan para hacer aquello que deseamos o necesitamos hacer. Intenta detectar cuándo un pensamiento te está impidiendo hacer cosas y evalúa en qué medida ese pensamiento puede ser real o infundado.

 

  • Modifica tus expectativas. Las personas con baja autoestima suelen anticipar consecuencias negativas para todo lo que se proponen. Cuando eso te ocurra, trata de buscar otras posibilidades algo más optimistas. Al final, dejar de hacer algo por miedo al fracaso también puede representar un fracaso; o al menos significa negarse el éxito a uno mismo.

 

  • Establece metas realistas. Es posible que muchos de los fracasos percibidos se deban a que el objetivo a cumplir sea muy grande, amplio o tome demasiado tiempo. Por ello, es importante aprender a establecer pequeñas metas que te ayuden a cumplir tu objetivo muy poco a poco, pero de forma más segura.

 

  • Practica estrategias de afrontamiento y habilidades sociales. Las personas con autoestima se ven capaces de comunicarse de manera eficaz con los demás, así como de resolver conflictos complicados. Aprender este tipo de habilidades puede ayudarte a sentirte mucho más capaz de enfrentarte a situaciones problemáticas.

 

  • Mejora tu inteligencia emocional. La buena autoestima también se relaciona con una alta capacidad para identificar y comprender las emociones propias y ajenas. Cuanto mayor sea tu inteligencia emocional, podrás desarrollar más situaciones sociales capaces de generar un ambiente seguro, estable y emocionalmente positivo.

 

Persona frenando piezas cayendo.

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